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La inteligencia emocional en tiempos de crisis.

Federico Brull.



A fines de la década del 2010 la inteligencia emocional en la educación tomó gran importancia. Ya se venía hablando de una carencia de habilidades socioemocionales en el mundo laboral desde inicios de este siglo, pero gracias a Daniel Goleman, el mundo prestó atención a esta dimensión del aprendizaje.

No puedo dejar de pensar cómo esta pandemia histórica refuerza la importancia de educar las emociones, los valores y la voluntad. Nos encontramos ante una condición sin precedentes en la cual la incertidumbre es lo que prevalece y conduce nuestro diario actuar. Desde la suspensión de actividades rutinarias como ir a trabajar o al colegio hasta de dejar de ver a nuestros seres queridos. Dicha incertidumbre nos aleja del significado de lo que es nuestra vida y esto representa una pérdida enorme de algo simbólico que nos ayudaba a darle rumbo a nuestro camino.

Estamos viviendo un duelo. Temporalmente perdimos nuestra realidad, la conexión humana, la estabilidad económica y la salud. Aquí es donde la inteligencia emocional juega un papel vital, no solo en nuestra salud mental y física, sino en la de los que nos rodean.

Un curso de educación socioemocional nos enseñaría a reconocer las distintas etapas de un duelo. El identificarlas nos ayuda a poder encontrar las estrategias necesarias para manejarlas equilibradamente. Según Kessler, las seis etapas son negación, enojo, negociación, tristeza, aceptación y significado. Te invito a reflexionar en tus comentarios o pensamientos en los últimos días y clasifícalos en alguna de las etapas. Seguramente encontrarás pensamientos de ira, como “me están dejando en mi casa sin poder salir, no se vale”, o de tristeza, “esto no va a acabar bien, puedo perder mi trabajo, perder un ser querido”, o el que por momentos se encuentra en la aceptación “hay que adaptarnos al cambio, haremos juntas virtuales, tanto sociales como laborales, no hay nada que la tecnología no pueda resolver hoy en día”. La transición de estas etapas no es lineal. Por momentos nos podemos sentir muy enojados y después seguimos con la vida en nuestra nueva realidad, pasando del enojo a la negociación.

Por eso es importante que eduquemos no solo la razón, sino la emoción. Nuestro cerebro está programado ancestralmente a reaccionar ante la emoción pero con esfuerzo, estructura y voluntad, la emoción y la razón pueden desarrollarse equilibradamente para ayudarnos a tomar decisiones en nuestra vida que nos ayuden a sobrevivir, trascender y alcanzar la realización y la felicidad.

La última etapa del duelo es el significado que le damos a la pérdida que tuvimos y pueden pasar meses para llegar a entender el impacto que tuvo dicho proceso en la manera en la que percibimos nuestro entorno y las interrelaciones con esto. Sin duda, para algunos esta pandemia mundial significará la apreciación de las relaciones personales; para otros, el cuidado de nuestro mundo y para algunos más, el valor de la vida misma. Con el riesgo de parecer que ya me encuentro la etapa del significado (cosa que querido lector, no creo estar ahí todavía), el significado de este evento global ha marcado en mí aún más la importancia de la educación socioemocional. Estas últimas semanas nos dimos cuenta los educadores que podemos transmitir información a nuestros alumnos por medio de la tecnología, pero lo que ha frustrado a gente en todo el mundo, es la falta de esa conexión humana, de la sociabilidad y de esas emociones que una pantalla nubla, esconde o transforma. Me encuentro impaciente de regresar a las aulas y desde una perspectiva más significativa en nuestro contexto, educar la emoción y la razón.

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