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Y después del contenido, qué…



La pregunta sobre qué queremos que los alumnos aprendan no sólo debe estacionarse en los temas que necesitamos que conozcan. Si lo que se busca es reformar y que los jóvenes participen en un contexto internacional, el conocimiento debe de dar un paso más y ese paso es precisamente la tridimensionalidad del aprendizaje. A partir de esta postura, el elemento fáctico (contenidos) no debe ser el fin último sino debe ser una herramienta para subir a un nivel más que es la comprensión tal y como lo presenta el proyecto Teaching for Understanding Project -Project Zero Harvard, que busca fortalecer la idea de que la comprensión es aquella que puede promover una variedad de actividades que van desde explicaciones hasta generalizaciones fortaleciendo los desempeños de comprensión progresiva del estudiante. La intención es dejar al conocimiento en un nivel primario que permita pasar a un estadio de comprensión en donde, al adentrarse en este nivel taxonómico, el alumno podrá crear sus propias generalizaciones que serán ejemplo de las habilidades desarrolladas y ser competente en un mundo globalizado: “En pocas palabras, comprender es la habilidad de pensar y actuar con flexibilidad a partir de lo que uno sabe” (David Perkins). De tal manera, la currícula escrita debe reformarse hacia esta tridimensionalidad: lo que se sabe (fáctico), lo que se comprende (conceptualización) y lo que es capaz de hacer (habilidades).

Después del contenido, entonces está el concepto. Una idea abstracta, universal, atemporal y transferible que permita a los alumnos ir más allá del aprendizaje disciplinario, es decir, que la comprensión toma forma de una comprensión conceptual que posibilita mayor transferencia y permite a los alumnos a aplicar lo aprendido en situaciones familiares y no familiares. Esto implica que un tópico, como puede ser la Independencia de México, visto desde la lupa de la comprensión conceptual, lo importante no recae en el desglose de sus temas o subtemas sino que recae en el para qué de este aprendizaje para comprender el concepto, por ejemplo, de cambio. Esta transformación de pensamiento llevará al alumno a aprender para comprender utilizando como herramientas los conocimientos adquiridos para dar prioridad a la comprensión del concepto que puede transferir a diferentes contextos, que puede establecer conexiones entre disciplinas y que puede promover la indagación. Por tal motivo, ante la pregunta qué debemos enseñar, la respuesta se encamina a la idea de que la comprensión conceptual se establezca como un elemento fundamental para que la construcción del aprendizaje sea realmente significativo; que llene el vacío entre lo fáctico y la habilidad y facilite a su vez, la interrelación entre lo fáctico y lo conceptual (pensamiento sinérgico) siendo un nivel secundario en el proceso de enseñanza-aprendizaje que promueva una mayor reflexión y no sólo conocer para actuar sino un comprender para crear.

Grant Wiggins, en su texto “La futilidad de intentar enseñar todo lo importante”, establece que el problema radica en la ignorancia de los adultos de cómo se logra una comprensión reflexiva y duradera. Sabemos que las soluciones pueden ser varias, sin embargo en esta ocasión, enfocándonos en la currícula escrita que todo profesor toma como base para su enseñanza, debe considerar esta idea de conceptualización para lograr que la reflexión y la habilidad tengan un impacto real en la resolución de problemas. Adolphe Ferriere ya lo venía comentando en su crítica a la escuela tradicional, hay que interesar al alumno en sus diferentes estadios; ya que si se cree que con lo fáctico y la habilidad todos los niños se interesan, comenta, es un engaño. Probablemente, yo hablaría de algo inconcluso. Es importante conocer al niño, al jóven e inclusive al adulto para reconcer su estadio y tener las herramientas para hacer pasar de lo fáctio a algo comprensible y duradero y es ahí donde está el éxito siguiendo con la idea de Ferriere. La preocupación por la estandarización del conocimiento en ocasiones nos sobrepasa, la evaluación cuantitativa tiene un mayor peso al ser medible en un número o mejor dicho, en una calificación. En el momento que se comprenda, qué después del contenido está la comprensión conceptual que nos remite a una acción y ésta a un aprendizaje significativo y perdurable, es entonces que la tridimesionalidad puede abrirse camino e involucrar a los alumnos en desempeños de comprensión que lo lleven a una evolución continua en su proceso cognitivo y desarrollo de habilidades; así como a considerar la importancia de las evaluaciones cualitativas (sumativas y formativas).

A todo esto, sabemos que no es tarea fácil, pues reconocer este nivel intermedio de la tridimensionalidad del aprendizaje es complejo. Sin embargo, si se visualiza que el objetivo de reforma educativa, va más allá de una revisión de conocimientos y habilidades (modelo bidimensional) hacia una conceptualización del aprendizaje se podrá llevar a los alumnos a crear sus propias teorías que demuestren la transferencia de sus conocimientos a niveles taxonómicos superiores ejemplificados en acciones que promuevan la construcción de un mundo mejor a través del desarrollo del pensamiento, el entendimiento intercultural y la mentalidad internacional. Situados ahora en un momento de cambio de modelo educativo con el resurgimiento de los debates acerca de las habilidades del siglo XXI, estrategias didácticas y programas necesarios para los alumnos, pondría sobre la mesa el reconsiderar el rol de la comprensión conceptual hacia un modelo educativo tridimensional.


#Ydespuesdelcontenido #JorgePereraGonzález

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