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La pedagogía del Mirreynato


Alma Velasco Rosas.

En los sectores económicamente favorecidos de nuestro país hemos visto el crecimiento de la cultura del mirreynato: hijos de personas en las altas esferas de poder con prepotencia, acceso a recursos económicos sin control, falta de escrúpulos, violencia, discriminación, etc.

Ricardo Raphael retrata en su libro “El mirreynato: La otra desigualdad” a esta tribu urbana que: “desde fines del siglo pasado comenzó a ser un síntoma vergonzoso de la ostentación mexicana. El Mirrey es el personaje que mayor privilegio obtuvo con el cambio de época”.

El síndrome del niño emperador

No es casualidad que el síndrome del niño tirano sea hoy una tendencia, donde el hijo se vuelve amo indiscutible y somete a los demás integrantes de la familia a sus caprichos. Conocemos de sobra las consecuencias de tener a varios de estos príncipes y princesas en el salón de clases. (Todavía) no son delincuentes, pero pegan, amenazan, roban, agreden psicológicamente; es un fenómeno de maltrato de hijos a padres y maestros que se ha instalado con fuerza en la sociedad. Observamos en ellos comportamiento agresivo, conductas provocadoras, violación de las normas; asimismo suelen presentar un alto nivel de egocentrismo, junto con una baja tolerancia a la frustración y empatía.

Algunos expertos consideran que ha habido un abandono de las funciones familiares, así como sobreprotección, ausencia de autoridad, permisividad y, sobre todo, falta de afecto. Los niños se convierten en “accesorios” de la vida social de sus a padres. Un padre excesivamente permisivo tiene como resultado un hijo caprichoso e irresponsable; pero si hay violencia, al final de la adolescencia, este pequeño tirano se convierte en mirrey o mireyna.

Estos niños son incapaces de desarrollar emociones como la empatía o la compasión, lo que se traduce en dificultad para mostrar arrepentimiento sincero por sus malas acciones. Estos chicos tienen dificultad incapacidad para aprender de los errores y conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles.

La familia y la escuela han perdido la capacidad de acompañar a estos chicos. El elemento decisivo es la carencia de competencias personales (lo que conocemos como inteligencia emocional), agudizado por el hecho de que la persona ideal está en franca contradicción con los ideales definidos por la sociedad de consumo. La televisión y las redes sociales enseña valores hedonistas y consumistas; contradicen el aprendizaje del autocontrol y la capacidad de esforzarse por renunciar a cosas inadecuadas y para perseguir metas que requieren esfuerzo

Lo que para muchos es una falta de disciplina que se soluciona con una nalgada a tiempo, es, un problema mucho más profundo.

Muchas son las razones por las que nuestros alumnos actúan como Ladys y Lords desde el preescolar hasta la preparatoria. Pero, ¿cuáles de las acciones y actitudes que ocurren en nuestra escuela y favorecen a la pedagogía del mirreynato?, revisemos algunas:

La ostentación: Permitir que nuestros alumnos lleven a la escuela juguetes, joyas, ropa, estuches etc. superfluos y caros al colegio. Además de distraer, reproduce un modelo de manejo de poder (“vales por lo que tienes”) y convierte la escuela en un escaparate para “presumir”. Como escuela, regulemos con claridad lo que los alumnos pueden o no pueden traer. El uso de uniformes escolares es una estrategia para mitigarlo. Evitando la ostentación también evitamos que los padres de los alumnos menos favorecidos se sientan presionados socialmente.

La impunidad: Es un pilar de la pedagogía del mirreynato. Por ello debemos ser muy cuidadosos de ser imparciales y aplicar las reglas de la escuela con equidad. Cualquier asomo de violencia –de quien sea- debe tener consecuencias claras.

Corrupción: Dentro del salón debemos ser cuidadosos para no tomar como algo normal el soborno, el copy-paste y la mentira. Tendríamos que realizar un verdadero acto de conciencia desde nuestro quehacer docente para actuar desde la verdad, para luego tomar acuerdos con nuestro alumnado y dentro del centro educativo.

La desigualdad: Otro valor de la pedagogía del Mirreynato es la inequidad y la segregación. Demos oportunidades a niños y niñas, busquemos actividades que promuevan la solidaridad, el compañerismo y la sana competencia.

La pedagogía del mirreynato promueve los usos y costumbres que aquí se han descrito: la ostentación, el exceso, discriminación. Pero por otro lado, Ricardo Raphael y Victor Quintana subrayan el grave estado de la calidad de la educación en México, que no prepara a nuestros niños a adquirir las capacidades para emplear la tecnología y las redes más que para presumir o mostrar sus “travesuras” (borracheras, peleas, abusos…). Además, este tipo de enseñanza no los prepara para una vida cultural autónoma o profesional, ni les da las competencias básicas para desarrollarse éticamente. En la pedagogía del mirreynato no hay cabida para que el mérito y el esfuerzo; son las relaciones, las palancas y el origen social de las personas son lo que cuenta.

Diariamente padres y maestros encontramos en las redes sociales casos de jóvenes mirreyes que ponen en riesgo su vida y la de los demás en diversas formas. Llegó el momento de darnos cuenta de que esas personalidades se gestan en las escuelas y en las casas desde la primera infancia. La soledad a la que exponemos a nuestros niños es, muchas veces, el principio de todo. Por ello, algunos padres de familia de colegios privados de la ciudad de Monterrey se reunieron con el objeto de integrarse a un frente común para ver cómo pueden cambiar las conductas antisociales de sus hijos.

Los padres están preocupados por el consumo de alcohol y drogas, por las muestras de violencia, el acoso escolar y la falta de control. Algunos expresaron que sus hijos están pidiendo límites y acompañamiento a gritos. Algunas de las ideas que surgieron de dicha reunión fueron: 1. Dejar de competir entre sí por el tamaño de la casa, los viajes, los autos de lujo, la ropa y los accesorios de diseñador. Comprar a sus hijos ropa y zapatos que no sean de marca y explicarles que las marcas no los hacen mejores que quienes no los usan. No comprarles todo lo que pidan ya que su consumismo los lleva a tener todo en exceso y a no valorar las cosas. 2. Darles coche sólo hasta su mayoría de edad y nunca de lujo, ya que esto equivale a darles un arma. 3. Darles celular cuando lo necesiten y no el más caro. Explicándoles el uso responsable del mismo.

4. Enseñarles a respetar a sus mayores, a saludar, las gracias, despedirse, ceder el paso, etc. Jamás permitir que nos levanten la voz o nos falten el respeto, si permitimos eso ahora después nadie los detendrá. 5. Nunca decir a sus hijos que ustedes “les pagan” o “mantienen” a los maestros, y que éstos no los deben regañar ni exigir y menos castigar o reprobar. 6. Dejar de fomentar la rivalidad con otros colegios o grupos. 7. Vigilar su comportamiento en las áreas de los centros comerciales en donde se reúnen para diferenciarse y/o agredirse. 8. Dejar de repetir que quien vive en un área reconocida de gente rica es mejor que quien vive fuera de ésta; fomentar la relación amistosa con niños de otros colegios y de otras colonias. 9. Estar al tanto de lo que ven y hacen en la computadora. Poner candados parentales a las redes y tv, y cambiar claves de wifi constantemente e intercambiarla por labores domésticas. 10. Tener una sola tele en la casa para convivir y evitar que cada quien se aísle en su recámara. 11. Tratar al personal de servicio doméstico y público merecen todo su respeto. Valorar el trabajo de todos cooperando con labores domésticas desde pequeños: enseñarlos a recoger sus cosas, cocinar, lavar, etc. Mostrarles la importancia del trabajo; los mayores, en verano pueden trabajar en algún proyecto de beneficencia, aprender un oficio, etc. 12. Dejar de hacer ostentación excesiva en los bautizos, bodas o bar mitzvah; ante el lujo y las apariencias, se pierde el verdadero significado de la celebración. Enseñarles que al templo o iglesia se va a dar gracias, a reflexionar y a vivir los valores, no a lucirse ni a criticar. 13. Procurar que toda la familia se reúna a comer o a cenar, por lo menos, una vez a la semana, sin celulares ni tv. 14. Enseñarles que no todos los problemas se resuelven con dinero y palancas. 15. Hablar con ellos abiertamente sobre sexualidad, equidad de género, respeto a la diversidad, ETS y abuso sexual. Buscar información pertinente acorde a su edad. 16. Mostrarles que no deben juzgar o tratar de imponer como si sus puntos de vista o sus creencias fueran las únicas válidas. Enseñarles que hay otras formas de vida, de ser, de creer y de actuar y que la suya es sólo una entre muchas, no la única. Estas ideas no tendrían ningún sentido si padres y maestros no ponemos el ejemplo y hacemos un verdadero ejercicio de reconocimiento de nuestra forma de enseñar: renunciemos a la pedagogía del mirreynato.



#AlmaVelascoRosas

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